La corrupción…esa práctica tan extendida…y tan tolerada

En un artículo que publiqué hace un tiempo, hice referencia a las relaciones saludables y auténticas, y eso es básicamente lo que NO estamos construyendo y lo que nos pasa con prácticas tan extendidas como la corrupción. Ciertamente, las relaciones que vamos gestando como ciudadanos y sociedad con nuestros “líderes” y nuestros dirigentes son relaciones, en las que: toleramos mucho que no se respeten las reglas de juego, aceptamos que así es como pasa, ni siquiera se nos cruza por la mente que esto puede cambiar, no confiamos en la justicia ni en nuestros jueces…y en algunos casos, hasta se celebra que se aprenda a cómo hacer para poder aprovecharse de estar en alguna posición de poder.

Nos pasa, que nos hemos acostumbrado a convivir con las prácticas relacionadas con el abuso del poder y el priorizar el propio beneficio económico, el interés en uno mismo, sobre el interés general, el interés de todos…de nosotros, de nuestros hijos.

Nos la pasamos conversando sobre como deshacernos de estas prácticas tan extendidas, y nos quedamos en eso….no reconocemos, ni buscamos el quiebre que podríamos generar para detenernos, mirarnos y decidir qué es lo que necesitamos para tener un lugar mejor….y ciertamente, para cambiar el status quo, habría que comenzar  por mirarnos, sin caretas y de una manera genuina, valiente.

A veces surge la pregunta de cómo es que llegamos a este lugar en el que elegimos gobernantes y a partir de ese momento dejamos de involucrarnos…ciertamente que todo empieza por donde “comienza” todo, por los núcleos donde nos formamos, donde creamos hábitos y prácticas; de hecho la corrupción es una práctica, y una práctica surge de hábitos…veamos: ¿dónde aprendimos que las relaciones son espacios en los que quien tiene una posición de poder puede abusar de ese poder para someter al otro?, ¿dónde aprendimos a no decir “basta, no estoy de acuerdo con esta situación”?, ¿dónde aprendimos a no involucrarnos con lo que más nos importa porque no nos sentimos capaces de resolver?, ¿dónde aprendimos a  mantenernos indiferentes frente a lo que pasa a nuestro alrededor?, ¿dónde aprendimos a no ser firmes frente a lo injusto …y lo que transgrede las normas?…

Todos esos aprendizajes surgen en nuestro entorno más cercano, en los lugares donde aprendimos a vivir en sociedad…en las primeras relaciones de las que fuimos testigo, en las relaciones que nos acompañaron en nuestra infancia…mira cómo se relacionaban tus padres, tus padres con tus hermanos, tu familia con los demás…tu escuela contigo…tu país con otros países.

También podríamos ampliar la mirada en esto; podríamos mirar un poco lejos, mirar a aquellas sociedades en las que existen aprendizajes opuestos…aprendizajes en donde estas prácticas son sancionadas penalmente y además socialmente; de hecho, en los países menos corruptos, la sanción es general y el castigo social es brutal. Por el contrario, en sociedades como las nuestras, se disfraza, se tolera, y hasta se acepta: “roba, pero trabaja”. Yo me pregunto: ¿en qué momento se nos fue el amor propio como sociedad? aparentemente, la respuesta puede estar líneas arriba.

Los funcionarios públicos que resultan comprometidos en los casos de “Lava Jato” y Odebrecht estaban ejerciendo funciones, para las que se les asignaba una remuneración cuya fuente proviene del tesoro público, de nuestros impuestos y de todo lo que el Estado recauda para que vivamos en orden y con lo que necesitamos; al menos ese es el pacto que hacemos con nuestros gobernantes cuando los elegimos…..no los elegimos para que se la pasan buscando cómo beneficiarse, sino para que cumplan el encargo.

¿En qué momento perdimos la integridad? sí, la integridad… al perderla, nos acostumbramos a vivir en modo resignación, nos sentimos incapaces de hacernos cargo, y terminamos convertidos en ciudadanos que sobreviven …incluso, no adoptamos una posición de grupo, de comunidad, a pesar que tenemos un mismo dolor.  Enfrentar la corrupción, entenderla, sancionarla y recurrir a los mecanismos legales que corresponden, se ha convertido en un espacio indescifrable…no lo entendemos, no nos involucramos… le abrimos las puertas para que se convierta en una práctica muy extendida y la toleramos…¿Qué hace que toleremos lo que no queremos?....volvamos a mirar qué es lo que hemos aprendido de cómo construir nuestras relaciones…quizás lo que tendríamos que aprender en la escuela y en nuestros hogares, es aprender a relacionarnos de forma honesta y de manera coherente con nuestros valores, para luego no estar en la disyuntiva de no saber, no entender cómo es que se construyen las relaciones que queremos y merecemos en nuestras vidas…si no convertimos estos aprendizajes en hábitos y luego en prácticas … sin duda que continuaremos esta deriva de seguir siendo una sociedad de relaciones  incoherentes, tóxicas… en donde no sabemos construir lo que queremos y en donde toleramos lo que no queremos.

  • Susy Olaechea

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